- ¿Y qué se siente?
- ¿A qué te refieres?
- Ya sabes, en tu... estado, ¿qué sientes?
- Ah, pues... bueno, es algo así como sentirte confuso. Muy confuso durante mucho tiempo. Y ni siquiera sabes por qué estás confuso. Al principio es así y sientes rabia e impotencia, intentas aparentar normalidad, finges que estás bien para no preocupar a nadie porque ni siquiera sabes lo que te pasa. Pero después simplemente te cansas. Te sientes cansado de estar siempre igual, siempre confuso, a ratos triste, a ratos cabreado, etcétera. Y entonces llega la nada. Apenas puedes sentir nada, y como mucho será algo malo, dolor o pena, pero no alegría. Aparece la rutina, la desgana, la apatía y la indiferencia por casi todo. Y ya apenas te molestas en disimular, pero da igual, porque tampoco es que la gente de tu alrededor esté tan atenta a ti como para darse cuenta.
- Pues yo lo he hecho.
- Ya, bueno, es que tú estabas más pendiente de mí que de ti, y eso no me lo esperaba, me pillaste desprevenida.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario