"La vi entrar al lavabo y mirarse al espejo. Se mojó las manos, se las pasó por el pelo e intentó sin mucho éxito desenmarañar su voluminosa melena. Sacó del bolso un pequeño neceser y buscó el pintalabios. La vi pasárselo por los labios hasta que éstos quedaron totalmente ocultos bajo una espesa capa de carmín. Se miró un último segundo al espejo mientras guardaba las cosas de nuevo, giró y salió del lavabo.
La vi pasear por el local, despacio, como quien va buscando a alguien, observando cada rostro durante unos segundos para asegurarse de que no era nadie conocido. Recuerdo que en aquel momento lo único que pensé fue que me daba pena verla tan perdida.
Varios tipos se le acercaron contoneándose, malinterpretando las miradas que ella les echaba. Cuando los veía venir, subía el brazo para cubrirse con él y de paso empujarles con el codo en el caso de que se acercaran demasiado. Parecía tan indefensa.
Se acercó a la barra abriéndose paso entre la muchedumbre y pidió otro vodka con lima. Ni siquiera se percató de la mirada lasciva que le echaba el camarero mientras de devolvía el cambio.
Encontró una mesa libre al fondo del local y fue corriendo hacia ella. Tuvo suerte de que nadie más cercano que ella a la mesa se diera cuenta de que los que la ocupaban acababan de levantarse, pues el bar apenas contaba con cuatro mesas y unas cuantas sillas, y la gente se mataba por ellas. Siempre me pregunté porqué no piensan antes de montar los locales de fiesta que si la gente va a bailar durante horas también les gustaría que hubiera un montón de sitio donde poder descansar un rato. Volviendo a éste en concreto, allí estaba ella, sentada en un rincón, bebiendo su cubata a sorbos cortos y observando a todo el mundo.
La música era pésima, canciones de esas electrónicas que suenan todas iguales, pun-chin-pun-chin-pun, y encima duran una eternidad cada una. Ni siquiera sabía qué hacía allí. No le gustaban esos locales, ni su música, ni que no tuvieran más sillas, ni que se respetasen tan poco las leyes que tenían que ver con el aforo máximo permitido para esos pocos metros cuadrados de bar. No conocía a nadie y encima el alcohol era de garrafón. Desde luego, no estaba pasándoselo bien.
¿Por qué había entrado allí? ¿Había sido buscando un aseo? Y, una vez que lo había usado, ¿por qué no se fue? ¿Qué estúpido impulso la llevó a pedir una copa? Intentó recordar por dónde había entrado, pues no veía la salida a su alrededor. Se levantó y fue avanzando, lentamente, eso sí, hasta la parte opuesta del local. Nada. Más gente, más música, más humo y menos luz. Pero ni rastro de la puerta.
Intentó preguntarle a la gente que tenía cerca si sabían por dónde se salía, pero sólo había borrachos que no entendían lo que decía, y desde luego ella no iba a pegarse a sus orejas para hacerles la pregunta.
Intentó volver a acercarse a la barra y preguntarle a un camarero, pero ni siquiera recordaba dónde estaba la barra. Por más que se moviera entre la gente, sólo había más de lo mismo por todas partes. Desesperada, pensó en volver a mirar si había alguna silla libre y sentarse a pensar con calma. El alcohol ya empezaba a hacerle efecto y eso no ayudaba en absoluto a que se concentrara. Tampoco pudo volver a encontrar la zona de las sillas. Asustada ya, creyendo que le habían metido algo en la bebida y la habían drogado o algo así, se pegó a una pared y decidió no moverse de allí hasta que, una de dos, se vaciara el local o recordara dónde estaba la puta puerta."
¿Puedes imaginar lo que se siente en ese momento?
miércoles, 26 de agosto de 2009
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